X Congreso de la UNEAC: "cada época tiene la obra literaria que merece"

Por: Manuel Alejandro Hernández Barrios

Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros disensiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer”.

1 Corintios 1:10

¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el polemista de este siglo? ¿Acaso no ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo?”

1 Corintios 1:20

Si la obra es un pastiche, admítelo humildemente y no te acomplejes por ello. Vivimos en la época de la reproductibilidad técnica. Es muy difícil ser auténtico en este contexto. Pero hay que intentarlo. Si no lo intentas es porque no te amas a ti mismo, ni a tus semejantes, porque temes a la derrota, porque no tienes ni buenas ni malas razones para hacerlo, o porque simplemente, te da igual. Charles Bukowski aconseja: “agarra una buena máquina de escribir / y mientras los pasos van y vienen / más allá de tu ventana / dale duro a esa cosa / dale duro. / haz de eso una pelea de peso pesado. / haz como el toro en la primera embestida. / y recuerda a los perros viejos, / que pelearon tan bien: / Hemingway, Celine, Dostoyevski, Hamsun. / si crees que no se volvieron locos en habitaciones / minúsculas / como te está pasando a ti ahora, / sin mujeres / sin comida / sin esperanza… / entonces no estás listo”.

Hemos tenido un congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, escaso en literatura. Al menos de auténtica literatura, porque pastiche, en la época de la inteligencia artificial, hacemos todos.

¿Por qué escaso en literatura?

Según Jesús G. Maestro, la literatura es el antídoto contra los ideólogos, los seudofilósofos y los gurús de la inteligencia emocional y la autoayuda; todos, adversarios de la inteligencia. Para el teórico español las condiciones utópicas de libertad e inteligencia solo se dan de forma ideal en la literatura porque la realidad está sujeta a las ideologías (expresadas en sus tres formas básicas: filosofía, religión y autoayuda) que intervienen los conocimientos y manipulan intereses.

Basándome en ese criterio, y añadiendo que la función básica de un escritor es escuchar el contexto (tomarle el pulso a la sociedad) e inmortalizarlo evidenciando la sicología de su tiempo en la obra escrita, puedo reafirmar entonces que hemos tenido un congreso de la UNEAC escaso en literatura y le añadiría en intelectuales también.

¿Por qué en intelectuales?

Dejaré que un Escritor responda: “Ahora, cuando cierra sus puertas el Congreso de la Uneac, todos los directivos de cultura deberían preguntarse si en verdad representan bien a los escritores y artistas, sean miembros o no de la Uneac. Deberían preguntarse y responderse y, en caso de que tengan la honestidad de responderse y reconocer su fracaso, tomar la puerta de salida y darles paso a otros que de verdad representen a la cultura y los creadores”.

Para definir ¿qué es un intelectual? Utilizaré la forma más objetiva posible: la Inteligencia Artificial.

Una persona comprometida con el pensamiento, el conocimiento y la inteligencia. Un actor social que ejercita el pensamiento crítico y la reflexión sobre cuestiones de su contexto. Contribuye a la dialéctica participando en debates y discusiones sobre temáticas de la cultura, política y filosofía. Con sus certezas ideológicas pueden influir en la opinión pública.

¿Cuál es el Rol Cultural de un intelectual?

La producción cultural, ya sea a través de la escritura, el arte o el trabajo académico, para comprender las complejidades y problemáticas de la sociedad.

¿De qué sirve conocer estos conceptos si el ingenio está en peligro de extinción? ¿Para qué ser ingenioso si no soy la causa y la motivación para que los demás lo sean? En ese punto está nuestra cultura: “Reina la incultura, y peor, la poca educación”; “se supone que la Uneac es la vanguardia y debe regir u orientar a los exponentes de la cultura, pero eso no se cumple”. Entonces, si, quizás lo más asombroso fuera la defensa del reguetón.

"El hecho de que laboratorios subversivos radicados en Estados Unidos hayan apostado a exponentes de este género en épocas recientes para llegar a sectores populares es una señal no despreciable del impacto que tienen en segmentos cada vez más amplios del país y a los cuales nosotros también tenemos que saber llegar. Eso tiene que ver con cultura y Revolución", dijo el primer secretario del Partido Comunista de Cuba (MMDCB).

Pero, ¿saben los reguetoneros jugar su rol como intelectuales orgánicos? ¿Podemos definirlos como intelectuales orgánicos? ¿Queremos ellos sean nuestros intelectuales orgánicos del siglo XXI, de las coyunturas y de las crisis energéticas?

Reutilizo la herramienta objetiva inteligencia artificial de la época de la reproductibilidad técnica para definir ¿qué es un Intelectual Orgánico?

La idea proviene de la teoría propuesta por el filósofo marxista Antonio Gramsci, quien con el término trató de describir a aquellos intelectuales que están profundamente integrados y comprometidos con una clase social específica, actuando como mediadores entre esa clase y el resto de la sociedad. Según él, cada clase social crea su propio grupo de intelectuales que ayudan a articular sus intereses y necesidades, promoviendo una conciencia colectiva dentro de esa clase. Los intelectuales orgánicos no solo producen conocimiento, sino que también tienen un papel activo en la transformación social. Se espera que conecten la teoría con la práctica, ayudando a sus comunidades a tomar conciencia de su situación y a organizarse para el cambio.  Es un agente clave en la mediación entre las clases sociales y el poder, desempeñando un papel crucial en la articulación de las luchas sociales y la transformación cultural. es un agente clave en la mediación entre las clases sociales y el poder, desempeñando un papel crucial en la articulación de las luchas sociales y la transformación cultural.

¿Qué diferencias existen entre Intelectual tradicional y el intelectual orgánico?

Gramsci distingue entre intelectuales tradicionales, que suelen defender el statu quo y las tradiciones establecidas, y los intelectuales orgánicos, que están alineados con los movimientos sociales y las luchas de las clases trabajadoras.

¿Dónde estuvo ese debate en el recién culminado congreso de la UNEAC?

No lo hubo. Porque lo que hubo fue una exposición múltiple de monólogos. Un constante escucharse a uno mismo. La dialéctica habita donde hay disposición y capacidad para el cambio. Sin embargo, se acaba de evidenciar la inmutabilidad definitiva, una posición antimarxista y hasta contrarrevolucionaria, desde la perspectiva del “insomnio del hombre nuevo” (Revolución: “es cambiar todo lo que debe ser cambiado”).

La respuesta magnífica sería el típico análisis cuantitativo de los cumplimientos de los planes con tono triunfalista, pero dejando esas prácticas materialistas a un lado y asumiéndonos como históricamente dualistas criollos, ¿dónde está el salto cualitativo? ¿hacia dónde va nuestra espiritualidad? ¿En qué punto se encuentra nuestra sicología de masas? ¿Qué filosofía nos conduce? ¿cuál es la mística de estos tiempos?

Hoy en día hay muchos individualismos. Por la escasa voluntad institucional de colectivizar o paradójicamente por el fenómeno redes sociales, no lo sé. Hoy escasamente participamos de la colectividad y vamos por ahí escuchándonos, como si solo nos importara lo que pensamos particularmente y nada más. Lo peor es que ni siquiera reflexionamos sobre lo que decimos y hemos aprendido a actuar según la práctica de moda, el Live: un balcón cae sobre una persona y los vecinos antes de llamar a los bomberos encienden la cámara y los periodistas sin ética de Miami publican el video en su totalidad y con todos los detalles porque por casa segundo de ese video su cuenta de banco engorda; o una casa que se incendia y los propios inquilinos antes de cargar un cubo de agua o intentar rescatar los equipos eléctricos, sacan el celular y empiezan a filmar.

¿Qué somos? ¿En qué se ha convertido nuestra cultura? Hagan un manifiesto de los nuevos tiempos y publíquenlo en todos los formatos posibles para que los gentiles se enteren; aunque todo parece indicar que ni ustedes mismo se saben definir.

¿Dónde está hoy la literatura que nos debería enseñar a hablar con nosotros mismos y con nuestros semejantes sobre lo que padecemos y esperamos? ¿Dónde está el placebo del entretenimiento? ¡Ni pan, ni circo!

En decenas de grupos de compraventa en WhatsApp se mueve un inmenso mundo literario, como un mercado negro tradicional, en el que la figura del librero hoy ha reafirmado lo que siempre ha sido, un excelente promotor cultural que en el cumplimiento de su labor ha resultado ser tácticamente efectivo y sin una estrategia de comunicación teóricamente conceptualizada.    

Creo fervientemente y denuncio categóricamente la injusticia del brutal e inhumano bloqueo genocida contra Cuba, pero, ¿dónde está el padecer descrito, el sufrimiento contado? ¿dónde está la voluntad política para el ejercicio cultural cualitativo que sensibiliza sobre el daño económico cuantitativo? Muchas redes sociales, poco storytelling. Ni la oportunidad maquiavélica de la resaca informativa de un desastre natural se ha aprovechado. No hay presupuesto. ¿No hay plata Milei? Mientras el mundo gasta millones en enorgullecerse de sí mismos con sus propagandas, mientras se promueve el enfermizo consumo con la publicidad, aquí aprobamos una ley de comunicación y recortamos el presupuesto a la tradición, a la educación y a la cultura.

Es paradójico que no se destine presupuesto a la cultura, en específico a la promoción de la literatura, y vivamos presenciando desde una posición pasiva de consumidor crítico que sabe elaborar memes, una tragedia de cólera y una comedia de amor.

Las energías sociales existen en todas las épocas, pero son incapaces de componer obras de teatro, poesía o narraciones por si solas, sin influencias. El poder de crear es un don individual, siempre presente en la historia, pero estimulado por contextos concretos. La inspiración, es una ilusión. La motivación, una realidad ontológica. En su libro, El canon occidental, Harold Bloom define que esa pasión literaria se expresa con agudeza cognitiva, energía lingüística y poder de invención. Pero en nuestra realidad solo me queda dictaminar, como Eco en las primeras páginas de su Apocalípticos e Integrados que cada época tiene la obra literaria que merece.

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